A veces puedes sentir que nadie comprende lo que llevas dentro, pero Dios conoce cada pensamiento, cada preocupación y cada lágrima que escondes. No necesitas aparentar fortaleza delante de Él. Puedes acercarte tal como eres, porque su amor no depende de que tengas un día perfecto.
“Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; has entendido desde lejos mis pensamientos.” — Salmo 139:2
